Dispuestos a disfrutar de una gran noche de Heavy Metal nos dirigimos hacia el Palacio de los Deportes de Madrid, como todo el mundo lo conoce, por mucho que se empeñen en ponerle nombres y apellidos varios. Una tarde noche que se presentaba con dos platos fuertes, dos generaciones encarnadas en la fulgurante y arrolladora carrera de Sabaton y en la dilatada experiencia de los germanos Accept. Los alumnos estaban por encima de los maestros en el cartel, pero, como luego pudimos comprobar, quizá no lo estuvieron tanto sobre las tablas. Además, completando el cartel venían los jóvenes suecos de Twilight Force.

Desafortunadamente, debido a la lentitud para acceder al recinto, llegamos con Twilight Force terminando su tercer tema, “Riders Of The Dawn”. Pronto pudimos comprobar lo que ya hemos visto otras muchas veces, y es lo injusto que se es con los teloneros. En este caso, una vez más pudimos ver de primera mano cómo los suecos contaban con una potencia de sonido infinitamente inferior a lo que luego podríamos oír con Accept y Sabaton, lo que convirtió su concierto casi en música ambiente. Tampoco ayudó que sonasen tan artificiales, algo de lo que en menor medida también pecaron a posteriori los cabezas de cartel. Aun así, se mostraron enérgicos sobre las tablas, ataviados con distintos atuendos que parecían sacados del universo Tolkien, muy de acorde con su música, Power Metal de corte Sinfónico, que por momentos nos subió la glucosa hasta límites peligrosos.

Con el final de “Riders Of The Dawn” dieron paso a “Flight Of The Sapphire Dragon”, “Gates Of Glory” y “The Power Of The Ancient Force”, con la que cerraron el que, sin duda, no fue el concierto más afortunado de su carrera. Espero poder verles en unas mejores condiciones, porque parte de la culpa de lo mencionado no fue suya.

Media horita y un cambio de escenario después las luces se apagaban y saltaban a escena los veteranos Accept, que con sus idas y venidas, al final han encontrado una solidez y una segunda juventud que ya le gustaría a muchos. Salieron a por todas con “Stampede”, con Wolf Hoffmann como auténtico director de orquesta, y con un Mark Tornillo, que sin ser un dechado de virtudes (seamos sinceros, tampoco Udo lo era) cantó lo que tenía que cantar y lo hizo perfectamente, además de con movimiento y carisma sobre el escenario. Sorprendió el buen sonido, y es que las guitarras sonaban naturalmente crujientes, mientras que la base rítmica daba todo el peso necesario y llevaba en volandas a los demás. El set list fue el que tenía que ser para un concierto de estas características: breve, intenso y plagado de clásicos.

“Stalingrad” no hizo sino confirmar todo lo dicho anteriormente y pasó fugaz, dando paso a una de las más coreadas y celebradas de la noche: “Restless And Wild”. No puede negarse, como ocurrió con los otros clásicos de esta banda, que son canciones que han traspasado generaciones y generaciones, y que todo el mundo coreó, sin importad edad. “London Leatherboys” nos mostró el gran estado de forma de Tornillo. Con esa gorra calada, su chaleco sin mangas y sus pantalones ajustados era la viva imagen de los 80.

Antes de meterse en la faena gorda tuvieron tiempo de volver a echar una mirada al presente con “Final Journey”, que al igual que “Stampede”, forma parte de su último álbum hasta la fecha. Sonó más que correcta, y alguno ya empezábamos a pensar que Sabaton tenían una buena papeleta por delante. Lo que se confirmó primero con “Princess Of The Dawn” seguida de la mitiquísima “Fast As A Shark”, que puso al recinto patas arriba y a una sola voz, para terminar de reventar de júbilo cuando empezaron a sonar las notas de la “Marcha Eslava” de Chaikovski. Todos sabíamos que a continuación venía “Metal Heart”, que sonó perfecta, solo con el “Para Elisa” de Beethoven incluido.

Aún hubo tiempo para más, y sin respiro alguno encararon el final con “Teutonic Terror” y la inconmensurable “Balls To The Walls”. Gran concierto de los germanos, de principio a fin, que dejaron claro que la experiencia cuenta y que no estaban allí como meros artistas invitados. Sabaton lo tenía muy difícil.

Tras otra media hora de cambio de escenario, en el que los trabajadores, ataviados con uniformes de la segunda guerra mundial, iban poco a poco dejando ver todo el atrezo que traían Sabaton, metralletas y cañones incluidos, las luces brillaron por su ausencia y “The March To War” comenzó a sonar por los altavoces. Todavía un telón cubría la parte trasera del escenario, donde se encontraba la batería con toda su parafernalia, y fue retirado en el momento justo para que apareciesen arrolladores con “Ghost Division”, algo que ya casi es costumbre en ellos, el abrir con el que es uno de sus mejores temas. La gente estaba entusiasmada y totalmente entregada. Que Sabaton es una banda que ha experimentado un crecimiento exponencial en estos últimos años es un hecho, y que había muchas ganas de ellos también, se palpaba en el ambiente.

Nos bastó este aperitivo para intuir lo que iban a ser los puntos fuertes y los menos fuertes de su actuación. Un espectáculo de luces y presencia escénica, con una gran pantalla de alta definición tras la batería, realmente abrumador y que van aprendiendo de los grandes shows de gente como Iron Maiden. Es obvio, y aprender siempre hay que aprender de los más grandes. Por el contrario, el sonido estaba quizá comprimido en exceso, con demasiada presencia de unos teclados que cada vez tienen más protagonismo en su música, pero que llevan grabados y disparados. Igual va siendo hora de incorporar un teclista a los directos. Debido a todo esto, las guitarras no sonaban todo lo potentes que otras veces les hemos visto y la voz a veces quedaba algo sepultada. Además, la sensación de ir poco más allá de lo seguro estuvo ahí en todo momento. Y ojo, con este análisis no quiero decir que fuese un mal concierto, ni por asomo, pero si es verdad que muchos de los que allí estábamos les hemos visto mejores. Y al final, todas estas apreciaciones, gran parte del público ni se da cuenta de ellas y disfrutan como enanos, que es lo suyo y lo que allí ocurrió en casi todo momento.

Gran puesta en escena para “Sparta”, en la que Joakim, visto y no visto, salto al escenario ataviado como un espartano, y escoltado por otros tres guerreros que dieron un aspecto muy visual al tema. “Blood Of Bannockburn” y “Swedish Pagans” fueron las siguientes en caer. Estaban haciendo una buen primer set, muy ágiles sobre el escenario, con constantes interacciones con las primeras filas, y en definitiva una buena ejecución de su show, con coñas incluidas, como cuando Joakim llamo repetidamente, entre risas, Gilipollas a Pär, y el público, en un alarde de originalidad, coreó la dichosa palabra hasta la saciedad.

“The Last Stand” y “Carolus Rex” sonaron tremendas y fueron de las más coreadas de esta primera parte del concierto. Y recalco lo de esta primera parte, ya que a partir de entonces, lo que podríamos decir que fue la parte central del show, quizá estuvo un poco mal elegida o ellos levantaron un poco del pie del acelerador… o ambas cosas, no lo sé, el caso es que se produjo un poco de desconexión entre banda y público mientras se sucedían temas como “The Lion From The North”, “The Lost Battalion” o “Union”. Volvieron a centrar la atención de todos con un “The Final Solution” novedosamente acústico, que les quedó verdaderamente bien. Habrá, como siempre, voces que reclamen que no se puede hacer eso con un clásico y tal y cual, pero sinceramente… ¡chapeau!

“Resist And Bite”, “Night Witches” y “Winged Hussars”, que suena sospechosamente parecida a varios de sus temas, cerraron el set list propiamente dicho, a la espera de los bises. No tardaron en volver a aparecer con la imprescindible “Primo Victoria”, que caldeó el ambiente hasta límites insospechados, para a continuación cerrar con “Shiroyama” y “To Hell And Back”.

A pesar de lo comentado en cuanto al sonido y actitud, y que el set podría haber estado mejor escogido… Sabaton dieron un buen concierto. ¿Qué hemos comprobado que pueden y saben hacerlo mejor? También. Eran muchas las voces que antes del concierto se quejaban de que una banda tan mítica como Accept abriese para Sabaton. Obviando la polémica, que solo sirve para entretener foros y redes sociales, y que digo yo que nadie puso una pistola en la cabeza a Accept para aceptar esta gira, si es cierto que al final todo se había planteado como una batalla entre la vieja y la nueva escuela, en un Sabaton Vs. Accept, en quien ganaría. Y al final el que ganó fue el público.

Crónica de Alberto López de Metal Symphony

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