Desde ‘Arise’ en 1991 el grupo brasileño tenía por tradición títulos cortos para sus discos: ‘Chaos A.D.’, ‘Roots’, ‘Against’, ‘Nation’, ‘Roorback’, ‘Date XXI’, ‘A-Lex’ y ‘Kairos’ hasta que llegamos a su nuevo trabajo, que tiene el nombre más largo de jamás haya tenido un redondo de Sepultura: ‘The mediator between the head and hands must be the heart’ (el intermediario entre la cabeza y las manos debe ser el corazón).

Aunque inspirado en la película de Fritz Lang “Metropolis” (1927) -el título está directamente extraído de una frase del film- no se trata de un álbum conceptual al estilo de ‘Dante XXI’ (“La Divina Comedia”) ni tiene afán de convertirse en una especie de banda sonora paralela como ocurría con ‘A-Lex’ (“La Naranja Mecánica”).

Comenta el guitarrista Andreas Kisser: “En la película un millonario loco quiere transformar a un robot en persona, un poco lo contrario de lo que ocurre en la actualidad. Estamos más robotizados que nunca con Internet, las gafas de Google, chips bajo nuestra piel y la esclavitud globalizada que es nuestra sociedad. La frase señala al corazón como lo que nos hace humanos, no robots. El corazón late con libertad de elección, tenemos que pensar por nosotros mismos para crear un mundo real, no un matrix.

La película está basada en una novela de principios de los años 20 y es casi profética. Nos ayudó a cohesionar ideas para las letras y expresar así lo que vemos. Vivo en São Paulo, Brasil, una de las mayores metrópolis del mundo con más de 20 millones de habitantes viviendo y trabajando en ella. Sé lo que es vivir el caos diario, nuestra música plasma mucho ese sentimiento”.

Vuelven a trabajar con Ross Robinson, el productor de su seminal ‘Roots’ de 1996. Lo lanza Nuclear Blast en octubre. “El disco es brutal, rápido y directo al grano. Siento que es lo mejor que ha hecho Sepultura nunca, sin mierdas. Volver a trabajar con Ross Robinson, uno de los más grandes productores que hay, es un privilegio. Tiene una fuerte conexión con la naturaleza, el corazón humano, la vida en general. Hemos hecho un disco vivo, sin artificiales trucos de estudio, estuvimos tocando todos juntos resultando una energía tan fuerte que no vais a poder con ella. El corazón de la humanidad nunca se parará, no somos robots, somos pura energía natural y merece la pena luchar por ello. No somos esclavos, ¡mi corazón late!”


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